Editorial | La rebelión de los nietos

EAC. Durante décadas, el relato dominante en Europa se construyó en torno a una izquierda cultural hegemónica que marcó la agenda política, mediática y social. Desde el mayo del 68 francés, la juventud fue sinónimo de contestación progresista. Hoy, medio siglo después, algo se ha roto. La generación que ha crecido en un contexto de precariedad, inflación, crisis de identidad y desconfianza hacia las élites, empieza a levantar una bandera muy distinta.

Este nuevo voto juvenil no se siente atraído por las promesas tibias del bipartidismo ni por las recetas de un progresismo que perciben como dogmático y ajeno a la realidad cotidiana. Al contrario: reivindican la nación, reclaman control sobre la inmigración ilegal, piden reformas profundas en lo social y lo económico, y se rebelan contra lo que consideran una degradación moral y cultural acelerada.

Para ellos, abrazar un discurso patriótico ya no es una postura vergonzante, sino un acto de afirmación. Incluso exhibirlo públicamente se ha convertido en un gesto de desafío contra la corrección política imperante. El fenómeno es tan visible que, entre los jóvenes, apoyar abiertamente a formaciones que encarnan este ideario se vive como una forma de contracultura.

Este cambio no es marginal: marca el inicio de un giro generacional que podría transformar radicalmente el panorama político europeo en la próxima década. Si el siglo XX vio cómo los hijos desafiaban las estructuras conservadoras de sus padres, el XXI presencia cómo los nietos se rebelan contra las imposiciones sociológicas y políticas izquierdistas de sus abuelos. La historia, como siempre, se repite… pero nunca en la misma dirección.

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