Desde el Diván | Símbolos Abandonados, Soberanía Cuestionada

Bandera española en el islote de Tierra (Alhucemas)

EAC. En un mundo donde los símbolos no son simples ornamentos sino declaraciones firmes de voluntad y presencia, la bandera nacional ondeando sobre un territorio no es solo un gesto ceremonial: es una afirmación rotunda de soberanía. Y el hecho de que la bandera española haya sido retirada de los islotes de Mar y Tierra en la bahía de Alhucemas, significa exactamente lo contrario. En este contexto, cada peñón, cada islote, cada centímetro del territorio nacional merece el mismo respeto y protección que el corazón administrativo del Estado. La presencia visible de la bandera es mucho más que un símbolo: es una señal al mundo de que España está, está atenta y está dispuesta a defender lo que es suyo.

Lamentablemente, en los últimos tiempos se ha hecho evidente una preocupante falta de coherencia en la protección de nuestros espacios más periféricos. En ciertos enclaves españoles, especialmente en pequeñas posiciones estratégicas en el norte de África, la ausencia o retirada de los símbolos nacionales —como la bandera— ha encendido las alarmas. ¿Es esta una señal de indiferencia? ¿O una concesión innecesaria frente a presiones externas?

Islotes de Mar y Tierra y Peñón de Alhucemas (España)

Mientras tanto, otros países, como el Reino Unido, muestran un celo inquebrantable en la defensa de sus territorios de ultramar. Basta ver la forma en que reivindican, una y otra vez, con claridad y determinación, su presencia en lugares especialmente alejados de su metrópoli. Allí, la bandera británica ondea no solo como recordatorio de soberanía, sino como advertencia a quien pretenda cuestionarla. Es una lección de firmeza política y coherencia simbólica que deberíamos observar con atención.

En contraste, la tibieza con la que en ocasiones se gestionan cuestiones simbólicas en territorios españoles como los islotes del norte de África no solo debilita la imagen internacional de España, sino que transmite una peligrosa señal de desinterés interno. Porque cuando un país no demuestra estar dispuesto a defender incluso el último de sus peñones, abre la puerta a interpretaciones erróneas por parte de aquellos que sueñan con expandir sus fronteras a costa del territorio ajeno.

La bandera, el escudo, el himno: estos no son simplemente retazos de historia o estética nacional, sino pilares sobre los que se construye el sentimiento de pertenencia, la legitimidad institucional y la proyección exterior del Estado. Defenderlos en cada rincón del país no es un acto de nostalgia, sino un imperativo estratégico.

Es hora de que España recupere esa conciencia plena de su integridad territorial. Que se refuerce la presencia física y simbólica del Estado en sus enclaves más expuestos. Que ondee la bandera con la misma fuerza en el islote más remoto que en la plaza mayor más concurrida. Porque la soberanía no se grita, se ejerce. Y la primera forma de ejercerla es estar. Estar presentes. Estar firmes. Y estar orgullosos.

Deja un comentario