La Atalaya | Annual, memoria de un sacrificio nacional

Fernández Silvestre y su Estado Mayor (1921)

EAC. A veces, la historia se escribe no solo con victorias, sino también con derrotas que revelan el temple de un pueblo y el sacrificio de quienes defendieron su deber hasta el final. El desastre de Annual, ocurrido en el verano de 1921, constituye uno de esos episodios dolorosos pero imprescindibles para comprender la España contemporánea. Lo que a primera vista puede parecer una tragedia sin paliativos, encierra también un testimonio de coraje, entrega y lealtad por parte de miles de soldados españoles, cuyos nombres y actos merecen ser recordados con respeto y admiración.

No cabe duda de que Annual fue una derrota causada, en gran medida, por una cadena de errores estratégicos y decisiones imprudentes. El general Manuel Fernández Silvestre, con una visión temeraria de la campaña, avanzó posiciones sin consolidar las rutas de suministro ni asegurar la retaguardia. Se confió, quizás cegado por un exceso de orgullo o por la presión política de consolidar rápidamente el dominio del Rif. La realidad, sin embargo, fue otra: un territorio hostil, una resistencia rifeña decidida y un ejército español desorganizado, con escasos recursos y una moral quebradiza ante la falta de apoyos efectivos.

En medio de ese escenario desolador, lo que destaca es el heroísmo de los hombres que se mantuvieron firmes en posiciones como Igueriben y Monte Arruit, resistiendo durante días, en condiciones extremas, sin agua ni municiones, rodeados y masacrados finalmente por un enemigo que no respetó la palabra dada. Soldados que no desertaron, que cumplieron órdenes hasta el final, sabiendo que no habría refuerzos ni rescates. Aquel sacrificio, tantas veces silenciado, fue el acto final de una campaña marcada por la mala gestión desde las altas esferas.

Cadáveres en Monte Arruit (1921)

La rendición en Monte Arruit, ordenada por el general Navarro bajo la promesa de una retirada segura, se convirtió en una de las mayores tragedias del ejército español. Y aunque la decisión del mando puede entenderse dentro del contexto desesperado de la situación, también es legítimo cuestionar si debió tomarse. La historia exige justicia no solo para quienes dieron la vida, sino también para esclarecer las responsabilidades de quienes los pusieron en esa situación sin las garantías necesarias.

A nivel político, el desastre supuso un antes y un después. El impacto nacional fue profundo: se derrumbó definitivamente la poca confianza que ya quedaba en el sistema de la Restauración, se intensificaron las críticas a la corrupción y a la desconexión entre las élites y el país real, y se sentaron las bases del cambio que vendría poco después con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera. En Marruecos, el descalabro español dio un respiro al movimiento rifeño, pero también evidenció la necesidad de replantear toda la estrategia en el protectorado.

Sin embargo, entre la negligencia del mando y la descoordinación política, permanece inalterable la gesta de quienes lucharon y murieron en aquellas tierras del Rif. Su memoria merece más que una mención al desastre: debe ser símbolo de un ejército que, pese a todo, cumplió con honor su cometido. Los errores de los altos mandos no pueden empañar el valor de los soldados.

Annual fue una lección dura, sí, pero también una página donde se escribió, con sangre y dignidad, la historia de un sacrificio que no debe olvidarse. Aprender de los errores del pasado y reconocer el mérito de quienes soportaron sus consecuencias es, hoy más que nunca, un acto de justicia y memoria.

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