
EAC. Ceuta atraviesa una etapa crucial. Lejos de los grandes titulares nacionales, se están produciendo en la ciudad autónoma cambios profundos que deberían invitar a una reflexión seria y sin prejuicios sobre su futuro como parte integrante de España.
El fenómeno migratorio, la presión económica y comercial, el creciente peso social y cultural de la población de origen marroquí, y los desafíos en materia de seguridad e identidad, conforman un escenario cada vez más complejo. A esto se suma una dinámica internacional marcada por las renovadas aspiraciones geopolíticas de Marruecos, su reforzamiento militar, y una diplomacia activa y ambiciosa que incluye reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla.
En este contexto, la falta de transparencia del Gobierno central respecto a su política con Rabat inquieta. El giro unilateral sobre el Sáhara Occidental, la escasa claridad en los acuerdos migratorios y económicos, y el silencio sistemático cuando se pregunta por la posición española sobre Ceuta, han alimentado la sospecha —legítima, aunque incómoda— de que se está cediendo más de lo que se reconoce públicamente.
Por otro lado, la falta de contundencia institucional desde el ámbito local también sorprende. La prudencia puede ser valiosa en diplomacia, pero la ambigüedad prolongada genera incertidumbre. Los ceutíes necesitan saber que cuentan con una defensa política firme y con un proyecto claro de integración nacional y desarrollo económico sostenible.
Ceuta no puede convertirse en un territorio desdibujado, sometido a presiones externas y abandono interno. Necesita políticas activas, inversión, presencia del Estado, y un discurso nacional que no solo defienda su españolidad en abstracto, sino que se traduzca en oportunidades reales, seguridad jurídica y cohesión social.
Más allá de partidos o ideologías, es hora de abrir un debate sereno y honesto sobre qué está pasando en Ceuta y qué país queremos construir. Porque cuando un Estado no tiene respuestas claras sobre sus propias fronteras, su soberanía o su identidad, corre el riesgo de perderlas sin darse cuenta.