
EAC. La reciente inquietud del Partido Popular por el ascenso de VOX revela, una vez más, la verdadera naturaleza de la “derechita cobarde” que tanto se esfuerzan en negar pero que no dejan de confirmar con sus actos.
Según publican algunos medios, en Génova preocupa que lo acontecido en Torre Pacheco desvíe la atención de los escándalos de corrupción que arrastra el gobierno de Sánchez, temiendo que, tras estos sucesos, el electorado encuentre en la formación liderada por Santiago Abascal una alternativa firme, sin complejos y, sobre todo, sin mochilas. Y no es para menos. Porque mientras el PP se enreda en equilibrios tácticos, cesiones a la izquierda y una permanente campaña de maquillaje, VOX pisa el terreno, conecta con los vecinos, habla claro y pone el foco donde debe estar: en la seguridad, la libertad, la unidad nacional y el sentido común.
Lo que molesta al PP no es el éxito de VOX en sí, sino lo que representa: una derecha que no se disculpa por serlo. En Torre Pacheco, el discurso serio, contundente y sin ambages de los de Abascal ha comenzado a calar entre ciudadanos que están hartos de promesas huecas y de la parálisis institucional. El avance de VOX no es el resultado de una estrategia de polarización, como algunos intentan vender, sino del abandono por parte del PP de los principios que un día dijo defender.
Génova teme perder protagonismo. Pero más que el protagonismo, lo que han perdido es la valentía. Frente a los discursos vacilantes y las maniobras para evitar el “qué dirán”, Bambú ha demostrado tener un rumbo claro, sin esconderse, sin pedir permiso.
Es evidente que los ciudadanos, sobre todo los más jóvenes, están empezando a distinguir, cada vez de manera más nítida, entre quienes están dispuestos a pactar con cualquiera por un puñado de votos y quienes ponen por delante los valores, aunque ello implique estar solos. En Torre Pacheco, como en tantos rincones de España, VOX empieza a sentirse para muchos como la única esperanza posible de que se produzca un cambio firme, valiente y sin complejos. Y eso, a algunos, les pone nerviosos.