Desde el Diván | Pan, circo… y subvenciones: el fútbol como escudo del poder en Ceuta.

EAC. La reciente imagen de Juan Vivas, aplaudido en la Asamblea de la Real Federación de Fútbol de Ceuta junto a la AD Ceuta FC, podría parecer una postal amable. Pero, si se mira con atención, lo que hay detrás es una operación política tan vieja como efectiva: el uso del fútbol como cortina de humo para blanquear una gestión agotada, personalista y clientelar.

El deporte, y en especial el fútbol, es una pasión legítima, un patrimonio emocional de todos los ceutíes. La AD Ceuta FC no es de un partido, ni de una institución: es del pueblo. Pero lo que estamos viendo cada vez con más claridad es la apropiación sistemática de ese sentimiento colectivo por parte del Gobierno local, que utiliza el éxito del club como trampolín propagandístico para reforzar la imagen de un alcalde que hace tiempo dejó de representar un proyecto de futuro.

No se trata de negar los méritos deportivos. El Ceuta ha logrado lo que muchos creían imposible, y su afición es uno de los grandes motores de la ciudad. Pero eso no justifica el uso político del club, ni las subvenciones millonarias sin transparencia real, ni el intento de convertir el fútbol en un terreno exclusivo para la glorificación de quienes están en el poder. Cuando el deporte se convierte en herramienta de control simbólico, deja de ser libre.

¿Dónde está la crítica constructiva? ¿Dónde el análisis público del gasto? ¿Dónde el compromiso con la igualdad de trato para el resto de clubes, asociaciones deportivas y proyectos juveniles que apenas sobreviven con migajas? El modelo de Juan Vivas no es nuevo: pan (en forma de ayudas públicas) y circo (en forma de éxitos deportivos mediatizados) para anestesiar la crítica y perpetuar un relato en el que todo lo bueno pasa por su figura.

Y mientras tanto, la Ceuta real —la de los barrios olvidados, los jóvenes sin oportunidades, los servicios públicos saturados y la inseguridad creciente— sigue esperando soluciones que no caben en una grada ni se celebran en la Federación.

La política no debe vivir del deporte, ni esconderse detrás de él. Porque cuando el fútbol se convierte en bastón de los poderosos, deja de ser un símbolo de unidad y se transforma en un trofeo más de quienes ven en Ceuta no una comunidad, sino un cortijo.

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