
EAC. En Ceuta, una y otra vez, se asiste a un fenómeno inquietante: se aprueban propuestas en la Asamblea local con mucho bombo mediático… y luego se archivan en un cajón. Mientras tanto, partidos como VOX se baten en el Pleno presentando iniciativas que, frente a esa parálisis institucional, llaman la atención del público: lo preocupante es que muchas de esas propuestas, debido al cordón antidemocrático que les impone el PP —a solicitud de sus socios muletas— se rechazan automáticamente para acto seguido sacarlas adelante, aunque sea con meses de retraso.
El ejemplo más reciente se produjo hace tan solo un mes cuando VOX puso de relieve la situación de estancamiento que viven muchas de las barriadas de la ciudad. En ese foro, los de Redondo denunciaron cómo el Plan de Barriadas en Virgen de la Palma se había quedado únicamente en promesas incumplidas: “las promesas … siguen sin ejecutarse tras años de espera” denunciaba la diputada de ese grupo Ana Belén Cifuentes. Unas semanas después de aquella denuncia plenaria el Gobierno de Vivas inicia ahora un acercamiento para escuchar las demandas de los vecinos de esa barriada. Curioso, acción-reacción.
Y es que pese a los bloqueos iniciales, muchas de las iniciativas de VOX consiguen finalmente su trasvase a políticas reales: no porque el PP las respalde de entrada, sino porque las presiones constantes las vuelven inevitables. En buena parte ello responde a que existe dentro de las instituciones un mecanismo informal que termina reconduciéndolas: la presión mediática, la visibilidad pública, y ese ruido insistente que deslegitima la pasividad institucional.
En contraste, cuando las propuestas vienen de partidos distintos a Vox, incluso aprobándose en el Pleno, su seguimiento queda relegado a discursos oficiales sobre estudios jurídicos y presupuestos pendientes, como denunció Ceuta Ya!: “una institución donde la palabra no tiene acción es pura charlatanería”.
¿Qué significa esto para la democracia local? Primero, deja al descubierto una lógica que convierte el Pleno en un escenario ornamental, si no se acompaña de ejecución real. Aprobar iniciativas sin dotación ni seguimiento formal convierte al Parlamento local en un decorado vacío. Segundo, genera paradojas inquietantes: VOX, que inicialmente no tiene capacidad de sacar adelante por sí solo ninguna de sus propuestas, acaba marcando la agenda; el PP, que gobierna y dispone de recursos, resiste, retarda, pero finalmente cede.
Ese contraste invita a una reflexión más profunda en clave local: la verdadera función de un grupo parlamentario no radica solo en presentar propuestas, sino en impulsar mecanismos que vinculen decisiones a su ejecución. Si no somos capaces de exigir mecanismos institucionales —como informes bimensuales de cumplimiento, calendarios precisos o comisiones de seguimiento vinculantes— el ciclo parlamentario se convierte en ritual vacío.
En Ceuta se necesita urgentemente un paso al frente: reformar el reglamento del Pleno para que no sean meras “declaraciones de intención”, sino compromisos reales con rendición de cuentas pública. De lo contrario, seguiremos en ese bucle: iniciativas aprobadas sin desarrollar, demandas históricas sin resolución, y voces que deben recurrir a la crítica pública para que sus reclamos se conviertan en hechos.
Porque aprobar una propuesta sin ejecutarla es, en el fondo, una farsa institucional. Y dejar que sean precisamente las voces silenciadas y acordonadas antidemocráticamente quienes consigan que acaben materializándose, habla de una grave disfunción en la representación local. Ceuta merece más que gestos y discursos: exige eficacia política real, transparencia efectiva y cumplimiento tangible.